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Ante la hegemonía clerical, ha llegado la hora de los laicos fuertes y decididos

Monseñor Gaenswein: La crisis de la Iglesia es una crisis del clero. Ha llegado el momento de los laicos fuertes y decididos

Lo que hoy día escuchamos en la Iglesia no es solo el ruido habitual de cualquier actividad humana. Se trata de un enérgico y amenazante seísmo que hace temblar lo que, hasta hace poco, han sido unos sólidos cimientos. Cualquiera que no tenga fe verá el fin de los tiempos, la destrucción irreversible de una institución  dogmática, sin capacidad de “adaptarse a los tiempos”, una vieja  inadaptada  condenada a desaparecer.

Sin embargo, estamos confundiendo a la Iglesia de Cristo, la Iglesia asistida por el Espíritu Santo, con la iglesia de los hombres. Confusión que se presenta no solo entre los laicos, sino también entre los clérigos. De aquí las acertadas palabras del secretario de Benedicto XVI, “la crisis de la Iglesia es la crisis del clero..” . Yo añadiría a esta afirmación: “una crisis del clero”, una crisis de los seglares … una revolución crítica en el ámbito de la cultura global estratégicamente diseñada según el Nuevo Orden Mundial que actúa sinérgicamente acelerando  la crisis eclesial.

Abusos sexuales y crisis actual en la Iglesia

La situación de desconcierto que se vive en la Iglesia, no es solo consecuencia de los abusos sexuales denunciados en EEUU, Chile, Irlanda, Bélgica, Alemania, Australia, etc, sino también  y, especialmente, por la ley del silencio y las vacilaciones de la jerarquía en la forma de atajar de raíz la ignominia de los sacerdotes implicados. Son acontecimientos muy graves que la justicia civil  ha ido inoculando en la opinión pública a cuentagotas, a dosis pequeñas aunque muy bien pautadas,  con la finalidad de incrementar progresivamente el descrédito de la Iglesia Católica y la pérdida de confianza en una institución que se presenta como el adalid de la moralidad. El escándalo y la pérdida de credibilidad se han producido  tanto en los fieles como, en los que no pertenecen a la Iglesia.

Sin embargo, el diagnóstico de esta enfermedad eclesial ya fue realizado por Joseph Ratzinger en el año 1969, justamente un año después de los movimientos sociales del 1968. Porque detrás de lo que sucede actualmente, está el cambio de paradigma sociopolítico y cultural que se destapa durante el mayo francés y que ha ido germinando y creciendo durante los últimos 50 años.

Pensamiento postmoderno, crisis de valores y crisis de religión

Decía Joseph Ratzinger en una radio alemana refiriéndose a la crisis que ya se avecinaba:

“Me parece que se están preparando tiempos muy difíciles para la Iglesia. Su verdadera crisis acaba de comenzar … De la crisis actual surgirá una Iglesia que habrá  perdido mucho. Se volverá pequeña y tendrá que comenzar más o menos desde el principio. Ya no podrá habitar los edificios que ha construido en tiempos de prosperidad … Comenzará de nuevo desde pequeños grupos, desde movimientos y desde una minoría que volverá a poner la fe en el centro de la experiencia. Será una Iglesia más espiritual … Los hombres vivirán en un mundo totalmente programado con  una soledad indescriptible. Si han perdido completamente el sentido de Dios, sentirán todo el horror de su pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de creyentes como algo totalmente nuevo … como una esperanza para ellos mismos … »

Una profecía que lenta e inexorablemente se va cumpliendo. No hay más que ver nuestras iglesias, la juventud cada vez más alejada de los valores tradicionales, el relativismo que se ha apoderado de las sociedades occidentales y no tan occidentales. Hace unos días me escribía una misionera de Mozambique, refiriéndose a la juventud, “aquí también ha llegado la postmodernidad”.

Efectivamente, en palabras de Z. Bauman, nos encontramos en una sociedad líquida en la que el único valor perenne, la única verdad, es el cambio continuo. Ya no existe la Verdad, sino tantas verdades como individuos y… mientras duren.

Esta sociedad líquida a la que los cristianos debemos dar respuesta se sustenta, según Dreher,  en la atomización, el individualismo y el desarraigo; en la autonomía, la autenticidad, la autorrealización y el eros; finalmente, en la búsqueda de un “Deísmo Terapéutico Moral” como soporte espiritual del individualismo.

Qué hacer frente a la descristianización

Frente al Nuevo Orden Mundial, decididamente anticatólico y articulado desde las instancias internacionales más representativas (ONU, UNESCO, OMS, FAO…) con imposiciones chantajistas camufladas bajo las ayudas al desarrollo, algo tendremos que hacer desde la Iglesia.

Para algunos, la solución pasa por “adaptarse o morir”: habría que liberar a la Iglesia de muchos de los mensajes evangélicos, eliminar de la tradición doctrinal todo aquello que suponga un obstáculo para la adaptación al mundo postmoderno, modificar radicalmente la  visión procreativa de la sexualidad y situar el placer sexual, cuando menos, al mismo nivel que el procreativo, aceptar con absoluta naturalidad la agenda LGTBIQ que no es otra que la pérdida del valor tradicional de la familia y la aceptación del pansexualismo frente al valor tradicional del binario. En definitiva, relativizar la Verdad del evangelio y transformarla en las verdades individuales emanadas de la conciencia de cada uno.

Para otros, la solución pasaría por la creación de estructuras mediadoras frente a las megaestructuras de poder mundial y de los estados. Sería estructuras sociales básicas frente “al querer arrasarlo todo, disolver todos los órdenes y afectos, borrar la herencia de la historia y quebrar nuestras solidaridades básicas, para de esa manera poder imponer un orden nuevo surgido del designio revolucionario y plasmado en un Estado, que se arrogaba la tarea de rehacer totalmente la sociedad” (E. Burke).

Hay que retomar con ilusión, con fe, la doctrina tradicional de la Iglesia y crear pequeñas estructuras de mediación que sirvan como puentes entre la vida privada y la pública encarnando los valores y las creencia de los individuos frente a la imposición de Estado.

Esta estructuras, para Peter Berger, serían el vecindario, la familia, la parroquia y las asociaciones voluntarias.

Se podría concluir que la Iglesia está sometida, como cualquier otra estructura social, a los embates estratégicamente planificados de un Nuevo Orden que desea terminar con los valores tradicionales sustentados en la cultura cristiana. Para ello, hay que deconstruir cualquier atisbo de sus valores: atacar a la familia como estructura básica, atacar a la Iglesia en cuanto organización de referencia moral, inculcar el relativismo moral, la sexualidad como fuente de placer pansexualista y totalmente enajenada de la finalidad procreativa, del sexo binario y de la prohibición del incesto o de la pederastia.

Como se comprenderá la Iglesia tiene que reaccionar frete a los que sueñan con su destrucción definitiva. En esta defensa, los laicos son fundamentales.

ACERCA DE admin

Laico Trinitario de la Fraternidad de Granada

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