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Cristianos mártires

Reflexión personal sobre el compromiso del laico trinitario

El carisma trinitario, predicado por San Juan de Mata, y con el que nos hemos comprometido el laicado trinitario, se halla excesivamente fragmentado

Después del evangelio, el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario debería ser nuestro libro de cabecera, un instrumento imprescindible para evaluar nuestro nivel de compromiso, nuestra fidelidad a la promesa que hemos adquirido de forma solemne.

No tenemos otros referentes que nos guíen en la toma de conciencia diaria de que permanecemos fieles al carisma desarrollado por San Juan de Mata. Un carisma, en mi humilde opinión, que cada vez adquiere un mayor grado de licuefacción, diluido entre las muchísimas y urgentes demandas que surgen en una sociedad relativista, injusta y con una amplísima variedad de necesidades. Estas nuevas circunstancias, objetivamente dramáticas, pueden ser fuente de confusión y pueden contribuir a que cada vez se desdibuje más lo que debe ser nuestra fidelidad apostólica, según el carisma con el que nos hemos comprometido.

Algunas observaciones al Apartado D  (puntos 20 al 28) del Proyecto de Vida

Punto 20: “.. somos fundamentalmente apóstoles … y manifestamos la imagen de la Trinidad, fuente y modelo de la unidad en la diversidad. Es el compromiso con la tolerancia ante las múltiples manifestaciones carismáticas sin perder el horizonte que nos has diseñado el nuestro. Todos vivimos en armonía evangélica, aunque sin cesar en nuestra labor carismática  prioritaria y fundante que es la  redentora.

La injusticia, la pobreza, las urgencias sociales no nos son indiferentes, pero nosotros como laicos trinitarios, tenemos una responsabilidad estructural que no podemos obviar sin dejar de perder nuestra propia identidad trinitaria: socorrer al que sufre persecución, al que peligra en su fe por circunstancias políticas, de pobreza o cualquier otro tipo de marginación  relacionada causalmente con el hecho diferencial de su fe en Cristo.

Punto 21: Nuestra labor apostólica, en tanto que seglares, debe materializarse en “la familia y su entorno, en el trabajo, la sociedad”… dar ese color especial en “organizaciones  caritativo-sociales, educativas, profesionales, sindicales y políticas”. Nuestra praxis carismática hay que materializarla sin pudor, sin complejos, siendo conscientes de que somos portadores de una Verdad cristiana, no de verdades ideologizadas que persiguen el prestigio y la instrumentalización de los que sufren para beneficio de los que, en su nombre, solo ansían el poder.

Justamente por ello, no podemos quedar seducidos por relatos liberadores que salen de la boca de resentidos, sea por experiencias personales o interpretaciones manipuladas de la historia.. El auténtico mensaje liberador es aquel que se sostiene en el amor, no en la lucha de clases, ni en efímeros poderes hegemónicos. El relato, por muy seductor que se presente, no es liberador. El ser humano quedará liberado no por lo políticamente correcto del momento, sino por la Verdad radicalmente liberadora  y perenne del evangelio.

Punto 22: Este punto es el nuclear, el que actúa como mediador,  de todos los que hacen  referencia al apostolado del laico trinitario. Sin embargo, su redacción queda algo confusa e indefinida pudiendo reinterpretarse de forma incorrecta. ¿Qué quiero decir?. Dice “… nos solidarizamos con todos  aquellos que son despojados de su dignidad y privados de sus derechos fundamentales…”. Este compromiso no nos singulariza como laicos trinitarios. Ciertamente va implícito, porque si él no podríamos dar respuesta a lo que realmente se nos exige “en forma particular, con los marginados y perseguidos a causa de su fe y de su compromiso evangélico…”. Este es, y no otro, nuestro carisma, lo fundamental de nuestro compromiso. Si esto no conforma nuestra espiritualidad y nuestro apostolado, no somos trinitarios.

Sinceramente, a veces, pienso que el carisma que nos debiera nutrir espiritualmente ha quedado desvirtuado, al margen de que tengamos que reconocer que cualquier acción encaminada a socorrer al que sufre es tan evangélica como la de socorrer al “marginado y perseguido por su fe”.

Punto 23: Precisamente porque debemos ayudar y acompañar al perseguido por su fe, en lo económico, en lo judicial, en lo político, y en los espiritual, el apartado 23 de nuestro Proyecto de Vida, nos interpela ese “espíritu” de la tertia pars de la Regla Trinitaria. Tercia Pars que hace referencia a desprendernos de un tercio de nuestros bienes para “colaborar en la obras de liberación de la Familia Trinitaria”.

¡Lo he dicho bien, un tercio de nuestros bienes!. Ya sé que esto produce un escalofrío  cuya intensidad es inversamente  proporcional a nuestra fe. Como la fe se reblandece proporcionalmente a nuestras riquezas, cuanto más ricos menos nos impactará en la conciencia esta exigencia que tan meridianamente clara queda explícita en la Regla Trinitaria.

No tocaré los otros puntos por no hacer este post excesivamente largo. Solo una pregunta: ¿Realmente sabemos lo que significa y lo que se nos exige al asumir el compromiso como laico trinitario?

ACERCA DE admin

Laico Trinitario de la Fraternidad de Granada

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