COMENTARIO A LA PALABRA DE DIOS:7 de febrero – domingo
Lucas, 5, 1-11
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Manuel Sendín García, osst.
EXÉGESIS:
Hasta ahora en el relato de Lucas, Jesús actuaba solo. De aquí en adelante se va a rodear de colaboradores. Hoy escoge a tres: Simón, Juan y Santiago. Más adelante llama a Levi. Después de una noche de oración, “llamó a los discípulos, escogió entre ellos a doce y los llamó apóstoles”. Pescar es imagen de apostolado como lo será después pastorear. La abundancia de pesca puede significar una comunidad en expansión. Simón es el primero.
Este relato presenta unidos en una sola escena dos episodios que otros evangelistas presentan por separado: La llamada y la pesca milagrosa. Llama a los primeros seguidores entre las personas que lo conocen y que han quedado cautivadas por lo que han visto y oído.
Después de lo de Nazaret, la gente volvía a tomar interés por lo de Jesús. El punto de mira se centra en unos pescadores. A Simón ya lo conocemos; por eso Jesús le pide su barca para hablar desde ella a la gente. Nos sorprende que, apenas desembarcado, se le pide que vuelva a pescar mar adentro. Adéntrate en las aguas turbulentas donde hay vida, y echa allí tus redes. La sorpresa es mayúscula: Las capturas se realizan de noche y no de día. Aquí está la clave del relato: “Por tu palabra echaré las redes”. El que entiende de pesca hace caso del que no entiende, fiándose de Él. Desde que Isabel dijo a María: “Dichosa por haber creído”. Ya sabemos lo que va a suceder. Aquel día fue una jornada luminosa para Simón. Aprendió a fiarse de Jesús y a romper sus viejos hábitos de pescador.
“Apártate de mí, Señor”. Simón siente su nulidad ante lo santo. Como ciervo malherido por el cazador divino se sobrecoge y estremecido se postra reverente. Toda su estancia interior se llena de luz y se siente deslumbrado por sus rayos.
HOMILÍA
<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–> “Dejándolo todo lo siguieron”. Los cuatro aprenden a dar los primeros pasos en el nuevo camino. Desconocen el instrumental que tendrán que utilizar en su nueva profesión de “pescar hombres”. No lo saben ellos, pero lo sabe el Profeta. Por acompañarlo dejan las barcas que antes habían utilizado.
<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–> Jesús enseña desde el lugar del trabajo cotidiano:
<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–> La pesca se hace de noche y Jesús les pide que echen las redes por la mañana. Como Isaías los discípulos se han sentido fracasados, además de pobres y débiles: “Sin pescar nada”. Al hacerlo en nombre de Jesús tienen éxito: El lago parecía vacío pero estaba lleno de peces. En nuestro desánimo digamos: “Aquí estoy lo dejaron todo y le siguieron”. La pesca será prodigiosa en un mundo de oídos sordos al Evangelio. Pedro dice: “Soy un pecador”. En el Evangelio de Lucas los que se reconocen pecadores, son los que son capaces de acoger a Jesús, fiarse de Él y dejarlo todo. Pedro se fía de Jesús y Jesús se fía de Pedro: “Desde ahora serás pescador de hombres”. Volverás a tierra y ayudarás a vivir a los hombres. Seguirás realizando lo que hizo Jesús.
<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–> ¿Qué es fiarse de Jesús? Echar las redes en pleno día por orden de Él que de pesca no sabe nada. Dejar que Jesús entre en nuestra vida, en nuestra barca, en nuestros amigos… en nuestro partido. Viene a sacarnos de nuestro mar. Tomar en nuestras manos otras redes.
<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–> La iluminación de Pedro se produce en una barca llena de peces. En sus colores, en sus movimientos percibió la grandeza de Jesús.
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