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MENSAJE DEL MINISTRO GENERAL A LA FAMILIA TRINITARIA

NAVIDAD 2008

P. José Narlaly

Queridos hermanos y hermanas de la Familia Trinitaria:

Nos acercamos a la celebración de la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo, la venida de nuestro redentor tomando nuestra carne. Su encarnación le ha restituido a cada hombre su dignidad propia. San Atanasio, como todos los Padres de la Iglesia, no ha tenido miedo a la hora de afirmar que el verbo de Dios ha asumido completamente la naturaleza humana para divinizarla. Sí, viviendo libremente entre nosotros como hermano en humanidad, Cristo le ha devuelto al hombre, caído por la desobediencia, su dignidad original y en su Resurrección lo ha introducido en el mismo seno de la Santísima Trinidad.

No obstante hoy, más de 2000 años después, el hombre sigue luchando por el respeto de su dignidad. Este año, en el mes de diciembre, Naciones Unidas (ONU) celebran el 60 aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; sin embargo, en numerosos países esta Declaración, y las Constituciones que han inspirado, son violadas sistemáticamente y a menudo en aquellos que deberían apoyarlas de manera más incisiva. Hoy, más que nunca, los derechos y la libertad esenciales del hombre son pisoteados y para ello mencionamos algunos ejemplos: en Argelia, Corea del Norte, China, Irak, Palestina, India y otras 50 naciones, la libertad religiosa es negada de plano.

En contraste con esto, podemos citar el artículo 18 de la citada Declaración que dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

En efecto, nuestros hermanos en la fe viven en el terror y en la inseguridad. Hoy, hasta en los países conocidos por la tolerancia se ha incoado la persecución religiosa. No es infrecuente encontrar leyes gubernamentales en contra de la libertad religiosa y, de la misma manera, con el pretexto de mantener la paz social, hasta los encuentros de oración son prohibidos. Por otra parte, podemos constatar en Occidente los cristianos están como adormilados y es que precisamente detrás de la Iglesias vacías está la indiferencia religiosa, que cada día se expande más. En lugar del anticlericalismo, podemos encontrar un movimiento todavía más peligroso que podríamos llamar cristo fobia que exige la supresión de todo signo cristiano de la sociedad, aunque lo vende como respeto a la diferencia.

A nivel mundial, la crisis económica está tocando todas las categorías sociales. En efecto, la recesión general que según los pronósticos no está más que comenzando, provoca la expulsión de miles de personas de sus puestos de trabajo y de sus casas, con el consiguiente empobrecimiento de las clases medias, por no hablar de los que ya de por sí son pobres.

Los ricos permanecen al cobijo de su dinero, pero los demás deben trabajar toda la vida sacrificando sus ahorros, su salud y, algunas veces, hasta su propia familia para mejorar sus condiciones de vida. En estos casos también es pisoteada la dignidad del hombre (art. 22-25).

Hermanos y hermanas, podría multiplicar los ejemplos, solamente releyendo los distintos artículos de la declaración y mirando con ojos críticos al mundo podríamos constatar que los derechos fundamentales no son efectos respetados.

¿Qué debe hacer la Orden y la Familia Trinitaria para ayudar al hombre a que se revele contra esta situación? Me parece importante recordar en este momento la enseñanza de nuestro Santo Fundador que en la Regla invita a sus hijos a participar en la obra de la redención. Él ha propuesto dos caminos: el recate de nuestros hermanos y las obras de misericordia. Debemos ser sensibles a los hechos que golpean a nuestros hermanos; por eso os quiero recordar mi última carta Circular en la que me refiero a la situación de Sudán e India. El SIT General y los SIT nacionales, provinciales y locales han emprendido este camino y continúa su trabajo de información, denuncia y acción a favor de nuestros hermanos perseguidos. Por mi parte, le animo a continuar en esta misión y os invito a todos vosotros a participar en ella en la medida que os sea posible. En las comunicaciones mantenidas con los responsables de las diferentes Iglesias que sufren limitaciones en su libertad me he dado cuenta que lo primero que nos piden es la oración, por eso yo os pido que no cesemos de tenerlos presentes en nuestro diálogo con el Señor. “No os abandonéis. Hacednos sentir vuestra solidaridad a través de la oración. Creemos en la fuerza de la oración. Creemos en la fuerza de la comunión de los santos.” Después vendrá el momento de hacer sentir nuestra cercanía en el plano económico.

Os invito pues, hermanos y hermanas, a empeñaros personalmente en aquellos lugares, o donde os encontréis, a favor de los más pobres. El encuentro con Cristo para hoy por la variada ayuda que les podamos ofrecer a nuestro hermano en la fe. Os exhorto a poner en práctica aquello que la tradición ha llamado las “14 obras de misericordia espirituales y corporales”. Hemos de continuar nuestros esfuerzos en las obras materiales en las cuales ya estamos comprometidos con el fin de eliminar las injusticias. El último Capítulo General de la Orden nos ha recordado la necesidad de que cada casa posea una obra de misericordia; pero también hemos de estar disponibles a “perder nuestro tiempo” en las obras de misericordia espirituales. El pobre, como todo ser humano, tiene necesidad de ser escuchado y de que le sea respetada su dignidad humana no sólo a través de la beneficencia, que ya es mucho, sino ofreciéndole la posibilidad de ser reintegrado en la familia humana. Precisamente para esto serán necesarios nuestro apoyo y nuestra presencia. Sólo de esta forma la dignidad del hombre podrá ser restaurada en cada una de las personas que nos encontremos en nuestros apostolados. Irineo de Lyon recordaba que “la gloria de Dios es la vida del hombre”, pero no olvidemos que Irineo continuaba la frase diciendo que “la vida del hombre es la visión de Dios”.

Hermanos y hermanas, mediante su encarnación, Cristo le ha devuelto a cada hombre su dignidad de hijo de Dios. El año paulino que hemos iniciado en el 2008 nos permitirá descubrir siempre más a Cristo acercándonos a su Palabra. Además, el reciente Sínodo de los obispos con el tema central de la Escritura en la vida de la Iglesia, nos invita a tener fe en la obra de Dios que continúa a pesar de las dificultades y obstáculos.

Para terminar, os deseo una Feliz Navidad. Que el Niño de Belén os bendiga a todos, a nuestra Orden, a nuestra Familia y a nuestro apostolado.

Fraternalmente,

Vuestro hermano,

Roma, 25 de diciembre de 2008

+P. José Narlaly, O.SS.T

Ministro General

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