LA CRUZ EN LA ESCUELA

Joaquín Díaz Atienza

Vaya por delante que este escrito se ha realizado desde el respeto de un creyente con cualquier tipo de creencia e increencia. Sin embargo, mi rebeldía hace que no admita imposiciones ni manipulaciones ideológicas, ni de unos ni de otros. Tengo amigos que no bautizan a sus hijos y que se declaran ateos convencidos y nunca ha sido un motivo de conflicto entre nosotros.

El laicismo excluyente

Desde esta posición y experiencia, que en absoluto considero relativista, pienso que los cristianos tenemos miedo, nos dominan ciertos fantasmas, a que nuestras creencias no sean respetadas, a ser “fagocitados” por otras religiones, incluyendo a los defensores del laicismo, que no de la laicidad. Por ello podemos correr el riesgo de interpretar erróneamente que retirar los símbolos religiosos de la escuelas es una agresión y falta de consideración  y del respeto debido hacia nuestras creencias. Habría que pensar qué hacer si todos los alumnos en una escuela multirreligiosa, plural y laica, reivindicaran que también estuvieran los suyos. Sinceramente, ni me preocupa que no haya ninguno, ni que estén todos. Parte de mi formación durante años se desarrolló en Francia, un país que se considera paradigma de lo que entendemos por aconfesional y laico, incluso con una “relación” frente a la autoridad vaticana específica. Nunca viví enfrentamientos entre los diversos creyentes y no creyentes, se leía sin prejuicios “la Croix” o “Le Monde”. Aún más, supe de su radical laicidad republicana después de mucho tiempo.Tal vez, por ello no me producen temor estos altibajos  de nuestro país, aunque sí me preocupa el daño que pudieran hacer. De otra parte, la fe en Jesús me proporciona una esperanza radical en la eternidad de su Palabra. Por tanto, ¿a qué tener miedo?.

En los argumentos y cotraargumentos que suelen prodigar estos días en los medios de comunicación, observamos expresiones apasionadas más que argumentos respetuosos y serenos. Podríamos afirmar que asistimos a un laicismo provocador que ha dado lugar a un escenario social en donde un anticlericalismo agresivo se enfrenta a un clericalismo defensivo, olvidando en esta dialectica el espíritu ecuménico al que estamos obligados los cristianos y que desconocen intencionadamente los “protolaicistas” de nuestro país. Por ejemplo, la decisión de la Junta de Andalucía de retirar los crucifijos del colegio de infantil y Primaria en Baeza obedece a la queja presentada por el padre de un alumno ante el Defensor del Pueblo, José Chamizo, que como sabemos es sacerdote. Hasta aquí se cumple respetuosamente la legislación del gobierno socialista, y nada tendría que decir, aunque me duela. Sin embargo, la Junta de Andalucía aprovecha la denuncia del padre para hacer extensiva la prohibición a cualquier actividad extraescolar relacionada con la religión, algo que puede considerarse abusivo y claramente persecutorio hacia los creyentes, cristianos o no; máxime cuando esta decisión se contradice con la disposición a que otras religiones puedan desarrollar actividades por respeto a la libertad religiosa. Da la impresión de que se trata más de una animadversión hacia la religión católica que de la defensa real de la libertad de conciencia y religiosa. Tal vez será porque de un plumazo vendible políticamente, eliminamos el problema económico de los profesores de religión católica y de los de otras religiones que reivindican los mismo derechos. Estoy convencido que la “manifiesta sensatez” de la Junta permitirá, al menos, que los alumnos que lo deseen puedan exponer en su cuello o ropa la cruz, de igual modo que se permite sin problemas que las chicas musulmanas puedan acudir a las aulas con el velo. Si no fuera así estaríamos ante una clara discriminación.

La cruz y el franquismo

Otros identifican la cruz con el franquismo: “Es vergonzoso que en las aulas de las escuelas públicas todavía se tengan que soportar símbolos que además de religiosos representan un régimen que durante tantos años privó de libertad a todo un país…” , he leído en algún foro. Este señor no sabe, u omite intencionadamente, que el símbolo de la cruz representa a una religión con la que se puede estar de acuerdo, o no, y solo desde esta perspectiva se debería argumentar su retirada de los centros públicos. La cruz ha sido utilizada por los movimientos de derechas, incluso fascistas, pero también por movimientos y personas de izquierdas y defensores de los derechos humanos; defensores que, a su vez, han sido asesinados por otros que “llevaban la cuz como estandarte”. Estoy pensado en el obispo de San Salvador Oscar Romero y muchísimos otros.

Algunas voces en la Iglesia

Pero el colmo o culmen de las descalificaciones a la cruz es cuando el teólogo José María Castillo identifica la cruz con el poder sin excepción: Aunque, efectivamente, con el emperador romano Constantino la iglesia primitiva se desvirtúa y se transforma en un poder terreno más, la cruz sigue siendo el símbolo de todos los cristianos, de los pervertidos y de los samaritanos. Por tanto, la cruz no representa a la jerarquía católica, ni a los de derechas, ni a los de izquierdas: hoy por hoy, representa solo a aquellos que se identifican con el mensaje de Jesús. A saber, Aquel que decía Amaros los unos a los otros como yo os he amado” y aquello otro de amarás a tu prójimo como a ti mismo”, mensajes que tan útiles nos pueden resultar en estos tiempos de crisis económica y agresiones entre los pueblos y personas.

Para concluir, como cristiano me duele profundamente, no la reivindicación de una laicidad auténtica, responsable y respetuosa con todas las creencias, sino ese tufillo a persecución activa hacia los cristianos católicos, identificándolos a todos ellos, sin excepciones, con esos otros llamados católicos y que en nada son ejemplo de Cristo. En este sentido, yo no tendría miedo a la retirada del Crucifijo de las aulas, pero tampoco me preocupa que cada uno manifieste PÚBLICAMENTE sus creencias, con la misma naturalidad y respeto que debemos manifestar ante los diferentes colores de piel y los diferentes rasgos étnicos. Las diferencias nunca debería ser motivo de persecución, ni activa ni pasiva. Esto debería ser de obligado cumplimiento tanto para la iglesia del boato como para el ateo exclusivista y, posiblemente, resentido.

ACERCA DE Joaquín Díaz Atienza

Laico Trinitario de la Freternidad de Granada. Médico; Master en Psicobiología y Neurociencia Cogitiva; Dr. en Neurociencias; Especialista en Psiquiatría Infantil; Diplomado en Metodología y Epidemiología Clínica; Master en Bioética.

Check Also

Teresita

Teresa Castillo de Diego, a sus 10 años, un ejemplo para todos

Obténgalo en .PDF Teresita, un modelo para todas la personas que intentan encontrar un sentido …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ver más

  • Responsable: Laicado Trinitario (Joaquín Díaz Atienza).
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a LAICADO TRINITARIO que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web contiene cookies para indicar información sobre su origen geográfico. Ninguna otra información es almacenada, excepto si usted la proporciona  a través de los formularios.    Más información
Privacidad