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EL DESARROLLO MORAL EN LA INFANCIA Y LA MORAL CRISTIANA. II) FUNDAMENTACIÓN DE LA MORAL CRISTIANA.

Joaquín Díaz Atienza, LT

 INTRODUCCIÓN

Quisiera aclarar que no soy teólogo y que mis conocimientos de la teología son escasísimos. Por ello, con los contenidos de este post me someto a las observaciones y correcciones que se consideren oportunas por aquellos que nos visitan y que me consta, son expertos en la materia que aquí se aborda.

Una vez hecha esta aclaración, definamos qué se entiende por ética cristiana. Sabemos que la ética del cristiano tiene como referencia al hombre, a un hombre y mujer que se abre a Dios, a un Dios que se hace presente en nosotros  a través de la fe. También sabemos que ese Dios toma forma en el Dios revelado en Jesús.

A través de los Evangelios y del Antiguo Testamento sabemos que la relación que Dios establece con el hombre es de entrega total. Por tanto, nuestra relación con Él, con los demás hombres y con el mundo debe ser imperiosamente de entrega total, tal como es nos dice en la frase “sed perfectos como es  perfecto nuestro  Padre celestial”.

LECTURA ÉTICA DEL EVANGELIO.

En el Evangelio encontramos una gran cantidad de llamadas al compromiso ético de los seguidores de Jesús. Llamadas que están en consonancia con el don y la gratuidad de Reino de Dios, desde cuya perspectiva nos interpela a todos los creyentes. Si no, que son las bienaventuranzas, la preferencia del Padre por todos los sencillos, los humildes, así como los mensajes contenidos en la mayoría de las parábolas.

Si deseamos entrar en la dinámica del Reino, que es a lo que se nos invita, debemos cambiar nuestras relaciones con los demás, unas relaciones basadas en la en la comunión entre los hombres, sin violencia ni exclusión. Esta llamada a la liberación es especialmente singular para nosotros que tenemos como referencia a Dios Trino.

Una ética basada en la dinámica del Reino de Dios, que es a la que se nos invita, es una ética de máximos, no es sólo el respeto a los derechos humanos universales, es una ética basada en la conversión y reconciliación permanente en el camino hacia el Reino que debemos materializar. Es un compromiso cuya fuente es la ley del amor, el amor incondicional a los hombres y, por tanto, capaz de romper las barreas entre nosotros.

CÓMO MATERIALIZAR HOY LA EXPERIENCIA DE JESÚS

En primer lugar, debemos tener claro que la moral cristiana se sustenta en el mensaje de Jesús y se materializa en su seguimiento. También sabemos que Jesús manifiesta su amor preferentemente por  los pobres en su más amplio sentido. Por tanto, este sería el criterio que mejor nos puede orientar en nuestro camino hacia Jesús. Ser éticamente cristiano es ser como Él nos pide, sin medias tintas y sin excusas.

Sin embargo, el mensaje de Jesús, aún siendo permanente en su esencia, debe ser reinterpretado en su significado siguiendo en contexto histórico y cultural en el que se materializa. Es lo que sucede con la realidad dinámica del hombre que vemos que se ha expresado según las múltiples realidades histórica y culturales en las que vive. Podríamos concluir que la moral cristiana es una actualización permanente de la praxis liberadora y siempre teniendo como referencia a Jesús.

Hoy interpretamos la liberación de la moral cristiana desde una triple dimensión. La personal a través de la conversión, la social comprometiéndonos en la lucha contra los conflictos sociales, la injusticia, la marginación y con los pobres, situaciones todas ellas necesitadas de transformación y la cósmica en al medida que necesita de protección y de respeto (moral ecológica).

De otra, la praxis de la ética cristiana necesita de un marco de referencia constituido por la comunidad de fe y de acción. Es decir, el cristiano está llamado a vivir su fe y compromiso en comunidad, aunque sabiendo que esto no puede suponer la pérdida de la responsabilidad personal. De aquí que exista una tensión permanente entre comunidad y persona. Esta tensión no puede llevar a la uniformidad de la comunidad, ya que anularía la libertad creadora del individuo, ni a una fragmentación que llegara a anular la comunión a la que nos invita el mensaje de Jesús.

BASES DE UNA MORAL TRINITARIA

La moral trinitaria se sostiene y desarrolla  de forma especial sobre la dimensión personal, la social y la universal. Brota tanto desde nuestro interior a través del proceso de conversión, como desde nuestro compromiso social, al que cada uno de nosotros estamos llamados.

Esta conversión es el origen que da fuerza al compromiso ético personal y social al que nos impele nuestra vocación trinitaria. En definitiva, es el trasiego permanente y bidireccional  entre contemplación (conversión) y acción (praxis ética).

Los que estamos llamados a seguir el carisma trinitario vivimos nuestra vocación “al servicio de la persona y la sociedad”. (PVLT, 20).

También nos compromete  a “solidarizarnos con aquellos que son despojados de su dignidad y privados de sus derechos”. (PVLT, 22). Estamos comprometidos en la defensa de la vida, en la doctrina social de la iglesia y por el respeto a la naturaleza (ética cósmica).

En resumen, estos son los ejes básicos sobre los que se materializa la ética trinitaria y en los que debemos apoyarnos para la ejecución de cualquier programa educativo que facilite el desarrollo moral desde la infancia.

En el próximo post, desarrollaremos una serie de técnicas pedagógicas para facilitar el desarrollo moral INTEGRAL desde la familia, la escuela y la interacción social con los iguales.

ACERCA DE Joaquín Díaz Atienza

Laico Trinitario de la Freternidad de Granada. Médico; Master en Psicobiología y Neurociencia Cogitiva; Dr. en Neurociencias; Especialista en Psiquiatría Infantil; Diplomado en Metodología y Epidemiología Clínica; Master en Bioética.

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