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MENSAJE DEL MINISTRO GENERAL A LA FAMILIA TRINITARIA, NATIVIDAD 2009

Benedicta sit Sancta Trinitas
La próxima celebración de la Navidad me lleva a dejar de lado otros compromisos y a dedicar un tiempo de meditación sobre el significado del misterio de la Encarnación y sobre cómo nuestro Padre San Juan de Mata vivió este misterio en su tiempo y en su situación. Con motivo de la celebración del VIII Centenario del Mosaico –el signo de la Orden- colocado encima de la entrada principal de la casa-hospicio Santo Tomás in Formis, me gustaría manifestaros la significativa conexión entre el mensaje de la Navidad y el del Mosaico.
La Navidad es la fiesta de la presencia amorosa de Dios en medio de todos nosotros, es un Dios que baja para tender la mano a la humanidad caída y elevarla a su dignidad original libre de pecado. El cielo y la tierra se unen en amistad. La relación rota se restablece y el ser humano ya no estará aislado de Dios ni de sus hermanos y hermanas. La posibilidad de vernos libres de la esclavitud del pecado y el odio es una hermosa realidad después de la venida de Dios como hombre.
El mensaje de la Navidad se transmite continuamente a lo largo de los siglos por los auténticos testigos del Evangelio. San Juan de Mata fue un auténtico testigo en su propio tiempo y ha entregado su testimonio a la Familia Trinitaria, sobre todo, a través de la Regla primitiva que escribió y del Mosaico que colocó en Santo Tomás in Formis. En la visión que él tuvo durante la celebración de su Primera Misa, vio a Cristo victorioso entre dos cautivos con cadenas.  Jesús está sosteniendo a los cautivos con sus manos ofreciéndoles la libertad y la dignidad humana . Cristo está cerca de las personas rotas, las sostiene y apoya, prestándoles sus manos en un gesto de amistad genuina y de solidaridad.
Cuando leemos el Evangelio cuidadosamente, entendemos el mensaje de Dios que viene a nosotros para sanarnos y darnos la plena salvación. La presencia de Dios es vivificante y transformadora. El hombre caído recupera su verdadera imagen y dignidad por el poder transformador de Dios. Esto se nos revela en varios pasajes del Evangelio: En el evangelio de Marcos, la resurrección de la hija de Jairo es un ejemplo clásico de que Dios se acerca a nosotros para restaurarnos a la plenitud de vida. “Él tomo a la niña por la mano y le dijo: “Talita kumi” que significa, “muchacha, Yo te lo digo: levántate! (Mc 5,41). De nuevo, Marcos describe la curación de un muchacho poseído por un espíritu inmundo: “Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y él se mantuvo en pie” (Mc 9, 27).
La curación en sábado de una mujer encorvada narrada en el Evangelio de Lucas es una confirmación de que la presencia de Dios nos da vida y nos transforma: “Él puso sus manos sobre ella, y ella se enderezó en seguida y daba gloria a Dios” (Lc 13,13).
En los Evangelios, Jesús está cerca del enfermo y del que sufre para poder tomarlos de la mano y comunicarles salud y bienestar. Él anima a menudo al enfermo y al pecador: “levántate”, “enderézate”, “ponte en pie”. Ayudar al hombre a ponerse en pie es un signo de restauración de la dignidad humana y de la libertad. Para ayudar a una persona débil y enferma a ponerse en pie nosotros también le damos la mano y le servimos de apoyo.
El pantocrátor sentado en el trono como aparece en el mosaico de Santo Tomás in Formis está precisamente realizando un acto de sostener a los cautivos por la mano para liberarlos de las cadenas de la esclavitud y de la enfermedad. ¡Jesús devuelve al hombre caído su dignidad original!¡Qué hermoso retrato del mensaje de Jesús!
Movido por la compasión, Juan de Mata tiende una mano al cautivo, al pobre y al enfermo en un gesto de solidaridad humana, permitiéndoles recuperar su dignidad y libertad. Nuestro fundador abandonó su vida de prestigio y confort para vivir cerca del hombre roto y entrar en su mundo de miseria y exclusión. Con gran generosidad, Juan entregó su persona y sus recursos para rescatar al hombre caído. Voluntariamente, él se identificó con los marginados y participó de su sufrimiento y miseria, tendiéndoles la mano para aliviar su dolor y privación, dándoles, de este modo, esperanza y nueva vida.
¡Mis estimados hermanas y hermanos, el mundo en el que vivimos es similar al mundo en que Juan de Mata vivió!¡Es un mundo de categorías y clases, Primer Mundo, Segundo Mundo!¡Es un mundo de pobres y ricos, en el que la distancia entre ellos es inmensa! Es un mundo de opresor y oprimidos. Mientras algunos viven en el lujo más refinado, muchos otros viven en el calabozo de la extrema pobreza y de la exclusión. Pero incluso en el mundo rico hay muchas formas de sufrimiento y cautividad. ¡A pesar del progreso sin precedentes y de los logros de la humanidad moderna, innumerables seres humanos sufren la más grande afrenta a la dignidad humana y a la libertad al verse privados de sus derechos fundametales, sintiéndose discriminados y perseguidos por los poderosos,y, peor aún, sobreviviendo solos en su impotencia!
En la situación actual del mundo, ¿cuál es nuestra respuesta y actitud?¿Somos realmente solidarios o permanecemos en una fría indiferencia? ¿Pertenecemos al mundo de los pobre o al de los ricos? Dadas la magnitud y profundidad de los problemas de la marginación y de la exclusión en la sociedad, uno podría decir que es muy poco lo que se podría hacer. Es un problema internacional socio-político. Pero nosotros, Familia Trinitaria, hombres y mujeres de fe que hemos heredado un carisma y una misión claramente orientados hacia la búsqueda de soluciones de los problemas de persecución, opresión, cautividad, pobreza y sufrimiento no podemos permanecer de brazos cruzados como si fuéramos meros espectadores. Hemos de acercarnos al indigente yal discriminado, al perseguido y desamparado para entrar en su mundo de sufrimiento y miseria. Estamos llamados a tender la mano y a ayudar dentro de nuestras posibilidades. Tender la mano como sea posible significa ofrecer un poco más de vida y un poco más de esperanza a aquéllos que están abandonados en la sociedad, actuando con el amor y la compasión de Cristo.
Entre las diversas maneras de ser solidarios con los menos afortunados, Juan de Mata nos exhorta a compartir y a dar de lo necesario, no solamente de lo que nos sobra. Él nos pide compartir lo que tenemos, incluso hasta hacernos pobres con los pobres. El espíritu de la tetia pars de la Regla nos recuerda el principio de la auto-imposición de contribuciones que es una característica notable de la Familia Trinitaria. Cuando nos acostumbramos a un estilo de vida cómodo, característico del Primer Mundo, es fácil ignorar la situación de innumerables hermanos que viven en el Cuarto Mundo. Esto puede llevarnos a vivir una vida insolidaria y desconectada de los hermanos menos afortunados, en clara contradicción al clarísimo mensaje de la Navidad y del Mosaico. Dios bajó a nosotros para tendernos la mano y levantarnos. Juan de Mata abandonó su confort y su alto rango de catedrático para bajar hasta las victima de la cautividad, de la exclusión y de la pobreza. Él no estaba satisfecho con haber tenido una visión y escrito una regla de vida. Él personalmente se hizo disponible y ofreció sus recursos para liberar al cautivo; él exhorto a sus hermanos a la auto-imposición de contribuciones animándoles a compartir más generosamente y murió mientras servía a los pobres y enfermos en el hospital de Santo Tomás in Formis. El Mosaico es prueba evidente de la visión que recibió y de la misión que llevó a cabo.
La presencia de Juan de Mata en el mundo de su tiempo fue una presencia activa y transformante. Fue una presencia entregada y atenta a las necesidades de los cautivos; fue una presencia generosa y redentora. Él plasmó el mensaje de la Navidad, el mensaje del evangelio en su vida. ¿Cuál es el mensaje que nosotros transmitimos con nuestras vidas, con las opciones que hacemos día a día? ¿Cuál es el mensaje que cada comunidad trinitaria transmite hoy? ¿Es nuestra presencia personal y comunitaria una presencia transformante, portadora de vida y de esperanza? ¿Es una presencia compasiva y comprometida que va más allá de las puras palabras y de los gestos fríos e indiferentes?
¡Ojalá esta celebración de la Navidad y la conmemoración del VIII Centenario del Mosaico nos acerquen a todos un poco más a los pobres y oprimidos, tenderles la mano para ayudarles a recuperar su libertad y su dignidad humana!
“Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y él se puso en pie” (Mc 9,27)
¡Que el amor incandescente de la Palabra hecha carne llene nuestros corazones e ilumine nuestras vidas durante todo el tiempo litúrgico de la Navidad”
¡Feliz Navidad para todos y cada uno de vosotros!
 
+ Fr. José Narlaly, osst.
Ministro General

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