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Las alegrías y el esplendor del Resucitado

"Cristo victorioso y Resucitado es la consolación de los últimos, de los derrotados, de los miserables, de quienes están en el último escalón de la escala social."

 

  Teresa Gervasi Rabitti, LT. La Pascua es la festividad más importante del año litúrgico. Jesús resucita, y con Él resucitaremos también nosotros para la eternidad. Él ha vencido a la muerte; para nosotros ha vencido todas las muertes:

 

 

 

La mentira. Cristo es Camino, Verdad y Vida. Es la personificación de la Verdad, que triunfa sobre todas las mentiras. El Resucitado es victorioso sobre el rey de la mentira, aquel que divide, el diablo. ¡Cómo brilla la Verdad, que avanza libre, va derecha hacia la meta y no usa ni necesita dar muchas vueltas!

El dolor. Jesús Resucitado es la consolación de todo llanto, de todo dolor que nunca es bello ni agradable, de la tortura de la separación de personas queridas. La madre que llora a su hijo muerto –la más grande de las separaciones- lo volverá a tener consigo, exhuberante de vida verdadera, más hermoso, colorado y juguetón que nunca, y lo volverá a abrazar con eterno e infinito amor. Bien lo sabe María, la madre de toda la humanidad, la madre del Resucitado.

La pobreza. Cristo victorioso y Resucitado es la consolación de los últimos, de los derrotados, de los miserables, de quienes están en el último escalón de la escala social. Estos serán los primeros en el Reino del Resucitado, con toda plenitud y felicidad.

La guerra. Flagelo de la humanidad. Cristo Resucitado es la victoria de la Paz sobre la guerra, sobre todas las guerras que desde siempre han ensangrentado el mundo. Con Cristo la guerra pierde su rostro heroico, de epopeya, para asumir su verdadero aspecto, vergonzoso, atroz, de muerte, dejando lugar al rostro dichoso de la Paz.

Todo horror y fealdad. Es la victoria de la Belleza. Cada uno brillará con la más inimaginable belleza, que es armonía, fulgor, mirada estelar, sonrisa más deslumbrante que la mañana del verano, fuego espiritual. Podrán consolarse quienes en su vida terrena non habrían querido ser imperfectos, de aspecto no bello. Allí arriba, los salvados serán todos bellísimos, según un canon sobrehumano, sobrenatural, de perfección absoluta.

Es la belleza que procede de Dios y que salvará este mundo. Belleza, sublimidad de espíritu, intelecto excelso, desvelamiento del misterio, capacidad de amor infinito. Es gracia santificante. Será dada a todos aquellos que habrán querido aceptar el don divino a través del mediador, Jesús, Cristo Salvador, el Hijo de Dios, el Resucitado, primicia de cuantos resucitarán a gloria y felicidad eterna.

Te alabamos, o Padre Eterno, que nos has donado a tu Hijo divino, muerto y Resucitado por nosotros, y al Espíritu Santo que lo hace presente en nuestro mundo.

  

 

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