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La cruz entre los escombros símbolo de nuestra decadencia

La cruz es un símbolo universal que indica paz y reconciliación

En occidente la cruz es perdón, sacrificio y entrega por los demás, compromiso con el prójimo. Los que derriban la cruz son portadores de odio

En occidente la cruz es un símbolo que trasciende la pertenecía a una religión concreta. La cruz significa la pertenecía a una cultura milenaria, portadora de unos valores concretos. La cruz significa bondad, entrega por los demás, solidaridad con los pobres, con los que sufren, con los más desfavorecidos de la tierra, con los pobres de espíritu. La cruz significa la supremacía del perdón sobre el odio y el resentimiento. Esto es lo que significa la cruz. Todos aquellos que ven en la cruz una determinada adscripción política e ideológica, son personas con una gran incultura histórica que realizan una instrumentalización perversa de la misma.

 Están equivocados aquellos que utilizan la cruz como un instrumento político, aquellos que intentan ponerla de parte o. por el contrario, aquellos que ven en la cruz un símbolo del enemigo. La cruz no es de izquierdas, ni de derechas, indistintamente de que haya sido instrumentalizada por unos y por otros.

Que occidente esté contra la presencia pública de la cruz se debe sencillamente a que no comparte esta visión cultural y antropológica que ha predominado en occidente hasta hace unas pocas décadas. Están empeñados en barrer de la conciencia moral de las personas unos valores para implementar otros que todos sabemos cuáles son, y con los que se puede estar de acuerdo o no.

 Lo que no es honrado, ni intelectual ni emocionalmente, es que las personas que rechazan los valores derivados de la cruz, los demanden cuando a ellos les conviene. Tengamos claro  que, la supresión de la cruz del espacio vital y cultural de nuestra época, nos transporta a la sociedad del individualismo frente a la sociedad comunitaria y solidaria. De la sociedad respetuosa con la vida a otra sociedad que utiliza la muerte como instrumento de recambio generacional y eliminación de los débiles, hacia un camino eugenésico que permita una sociedad de consumo desorbitado y sin cargas sociales que impidan una existencia orgiástica y de disfrute sin freno. Una sociedad mercantilista en la que no estamos dispuestos a sacrificarnos si a cambio no recibimos el saldo correspondiente. En fin, a una sociedad amoral, en donde el único valor ético válido residen en cada individuo que puede cambiar en función de los intereses personales del momento, una moral social líquida, sin compromiso.

La lucha contra la cruz

Maravilloso soneto sobre la cruz

Por supuesto, la cruz es ante todo el símbolo por antonomasia de los cristianos y todos conocemos por la historia que no siempre los cristianos han hecho un buen uso de la cruz. Pero el mal uso de la cruz no significa que deje de representar lo que representa. Hablemos claro, la cruz no deja de ser una oración permanente por aquel o aquellos que han significado algo en nuestras vidas. Cuando se nos muere un familiar colocamos una cruz en su tumba porque simboliza una invitación, para el que la observa, a que oremos por su alma; cuando ante un accidente mortal de circulación, colocamos flores y una cruz, estamos indicando al viajero que rece por el alma del que ha muerto en el accidente; cuando los vencedores, o vencidos, colocan una cruz en los lugares de alguna matanza, deseamos que todos recuerden a los ejecutados, al mismo tiempo que les pedimos que oren por sus almas. La cruz siempre infunde respeto al creyente y al no creyente, porque la cruz es un símbolo de paz y de reconciliación.

Por ello, aquellos empeñados en derribar las cruces de los espacios públicos, son personas que albergan odio y resentimiento. No puede ser “buena persona” quien no sabe perdonar, quien alberga un totalitarismo revanchista que disfruta pisoteando los derechos de los demás porque no coinciden con los suyos y, especialmente, contra aquellos que saben que no se defenderán.

No me gusta utilizar el manido argumento “si fueran musulmanes no lo harían” porque es una consigna que indica nuestra falta de convicción para defender ante las estructuras políticas nuestros derechos religiosos, con ahínco y sin desfallecer. Indica una cierta envidia hacia los musulmanes al observan como la fortaleza de su fe les lleva a defender sus símbolos con decisión. No todos los musulmanes son terroristas, aunque son muy pocos los musulmanes que se dejan avasallar por aquellos que no comparten su credo religioso.

Detrás del derribo de cruces, de pintadas en iglesias, de insultos a los cristianos, solo existe el odio, se base en la memoria histórica o en un ateísmo militante y excluyente. Con el derribo de la cruz, no se repara a nadie, pero sí se hieren gravemente los sentimientos de otros. La cruz no es propiedad ni de Franco, ni de la Falange, ni de la izquierda, ni de la derecha. La cruz es propiedad de todos aquellos que intentan que sus vidas sean portadoras de unos valores universales que nunca pueden proceder de ideologías anti-humanistas.

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