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Teresita
Testimonio de fe: la alegría de vivir hasta el final

Teresa Castillo de Diego, a sus 10 años, un ejemplo para todos

Teresita, un modelo para todas la personas que intentan encontrar un sentido a la vida en los momentos de una grave crisis de valores

Espiritualmente asfixiados por las presiones del tiempo; completamente enraizados a las neo-espiritualidades de la Madre Tierra; apegados al carpe diem como modus vivendi y único sentido, como si la vida hubiera que convertirla en una orgía  o un nirvana permanentes haciendo todo lo posible para que no  se nos escape de las manos;  olvidados de nuestra propia historia personal y ofuscados en resolver lo material y de forma inmediata; empeñados en enajenar de nuestro pensamiento cualquier vivencia finalista de nuestra vida y, aún menos, sentirnos interpelados por la eternidad. Todo esto es motivo de mofa, de inmadurez y, por qué no, de locura.

Fidelidad a Jesús hasta el final

Pensar en la muerte como el momento definitivo  en el que nos enfrentemos al balance de nuestra propia vida es impensable. La Madre Tierra es la que se encargará de dar cuenta de nosotros convirtiéndonos en materia inorgánica e integrándonos en ella, convirtiéndose la vida en un tránsito sin sentido.  Esta es la espiritualidad que prevalece. Aquí están, y aquí se quedarán, la felicidad y el dolor, avocados a convertirse en minerales porque para la nueva espiritualidad, esta muere, se mineraliza con nosotros.

Teresita Castillo de Diego, un escándalo

El “caso” de Teresita Castillo de Diego ha conmovido conciencias y recuerdos. Sus palabras, recogidas en el testimonio del padre Ángel Camino Lamela, nos ha confrontado con nuestras miserias y grandezas. Sus deseos de ser misionera, su disponibilidad total a los deseos de Jesús, su entereza ante el sufrimiento y la entrega que hace del mismo por lo demás, es algo que suena a ficción utópica, a fantasía inocente de niña que no sabe nada de la vida.

Entonces, ¿por qué despierta tanta admiración?. Sencillamente, porque por mucho que el ser humano intente desesperadamente materializar su vida, no puede retrotraerse a su necesidad de transcendencia. Tanto nuestra mente, como nuestras emociones, incluso nuestra propia biología nos empujan a ser finalistas en nuestra conducta y transcendentes en nuestra espiritualidad. Brota de los más profundo de nuestro ser. Por ello, cuando nos confrontamos a experiencias como la de Teresita, algo se mueve en nosotros que nos hace emocionarnos y reflexionar, algo que dábamos por desaparecido, cuando solo estaba dormido.

Teresita nos “escandaliza” con su ejemplo porque nos recuerda esa inocencia que todos albergamos aunque, por la fluidez de la vida y del pensamiento, por la fragilidad de los auténticos valores, nos empeñamos en olvidarlo… ¡pero no nos mintamos a nosotros mismos!. La felicidad no se encuentra en un consumo desaforado, ni en la sexualización de nuestras vidas, ni en la locura por conseguir prestigio a costa de cualquier precio. La felicidad está en el amor, en la entrega por los demás compartiendo con ellos aquello que a nosotros nos hace felices.

Teresita deseaba ser misionera. Quería llevar a Jesús a los lugares más recónditos del planeta. Porque para ella, Jesús era el sumum, lo máximo. Quería compartir ese amor con los más olvidados de la tierra. De ahí nace esa fortaleza que le hace decir, en los momentos de mayor sufrimiento físico,: “Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío”. 

 Ese amor por lo pobres nació tras ver una película de dibujos animados sobre la vida de Santa Teresa de Calcuta. También era una “fans” espiritual de otro gran apóstol del siglo XXI, Carlo Acutis, beatificado el 10 de octubre de 2020.

Esto no es un tópico o la típica elegía  construida en los momentos de mayor tristeza. Esto es la realidad de Teresita: una niña que rezaba todos los días, que era querida por todos los que la conocían, que siempre tenía una palabra para todo el mundo y que… la mendiga que pide en su parroquia ha llorado amargamente cuando ha sabido de su muerte… Tan pequeña, 10 años, y tan grande… Como Carlo Acutis, otra misionera  que se nos va con Jesús.

ACERCA DE Joaquín Díaz Atienza

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